El mundo rural está “reunido”, aunque en círculos desiguales. Una parte se arremolina en plazas y carreteras, con tractores y proclamas. Otra acude a charlas, debates, jornadas y similares –de un tiempo a esta parte, cada día hay varias– para hablar de despoblación, abandono o vaciamiento.

Desde unos y otros lados se reclama atención de manera diferente, pero complementaria. Por una parte, precios justos que permitan a los agricultores vivir de su trabajo. Por otra, la defensa de un modo de vida que reivindique el contacto con la naturaleza, los valores de la cooperación y un modelo vital estimulante.

Unas y otras vías invitan y requieren un movimiento que re–prestigie el mundo rural; es decir, que reconstruya el arraigo y el afecto de la ciudadanía con la agricultura, con el cultivo y la cultura, dos conceptos con una misma raíz etimológica y una íntima relación en el pasado, que reclama perspectivas comunes de futuro.

Si queremos.

Sobre El Autor

Artículos Relacionados

Hacer Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.