Se veía venir. La crisis anunciada en RTVE ha ratificado lo previsto y, tal vez por ello, se ha liquidado con aparente discreción. Despedido el director de TVE con el argumento, cierto, de la pérdida de audiencia de la televisión pública, le sustituye un antiguo conocido en el cargo, porque lo ocupó en la época del primer gobierno del PP: un hombre de la casa, con apellido y pedigrí reconocidos, al que el Gobierno recibe con una inyección de 130 millones de euros para resolver el déficit sistémico que arrastra la corporación, aunque apenas parece pan para hoy pero no para mañana.

El parche esconde por un rato los problemas financieros, las luchas por el control de los informativos, el afán por recuperar la gloriosa época de Urdaci y sus mariachis, las aspiraciones de Somoano y el clan de Los ignorantes, la incapacidad para proponer una alternativa desde lo público al panorama televisivo que implique un plan general y no un retoque de canales o parrillas…

En RTVE ha entrado en crisis hasta su símbolo más valorado: la información… meteorológica. El departamento de producción de El Tiempo ha sido acusado de beneficiar a una empresa familiar vinculada a la directora y presentadora del espacio. Todo un emblema. Por su tradición, su capacidad de innovación, su prestigio e incluso su audiencia los espacios de El Tiempo en TVE eran el último reducto frente a la debacle programática, estructural y económica de la radiotelevisión pública española. Hasta tal punto que se han utilizado y utilizan para salvar la cara a los mismísimos Informativos (léase, telediarios) apareciendo dentro y fuera de los espacios de noticias.

En tal contexto nada bueno se podía esperar. Dicen que este bache (o tiempo muerto, según las aficiones) servirá para ahorrar 16 millones gracias a la fusión de La2 y Teledeporte, y dos huevos duros, con la reducción del 5% de los directivos con la que se pretende saciar las nobles reivindicaciones sindicales mediante la purga de los considerados advenedizos. A cambio de otro puñado de euros más se podría haber incluido a Clan en la fusión y se habrían recuperado de un solo golpe los diez años transcurridos desde que el prócer de las Azores dejó huérfanos a los españoles.

Para comprender el despropósito, en plena crisis, el nuevo director de TVE dedica su segundo día en el cargo a pontificar en una universidad veraniega que el desmadre procede de la retirada de la publicidad. Lo correcto es otra cosa: ha sido precisamente la retirada de la publicidad la que ha permitido a TVE llegar hasta aquí. De no haberse cambiado el modelo de financiación, la televisión pública estatal estaría a estas horas en el crematorio y difunta. (¿Cabe la posibilidad de cremación antes de la muerte? En esa casa no se sabe).

Otra cosa sería plantear la insuficiencia del modelo de financiación acordado. Ahí la crítica parece más cierta. Y su debate llevaría a otros ámbitos mucho más enjundiosos, a los que nadie responde con propuestas nítidas: un nuevo proyecto de televisión pública que aborde su def,inición, su programación, sus contenidos, su gestión, sus recursos, y el control ciudadano sobre todo ello…

Sin esa perspectiva, los parches de ahora solo contribuyen a la ruina de la televisión pública a través de su propio desprestigio y, a la postre, su repudio social. Con ese objetivo han trabajado afanosamente, o así lo parece, en este último periodo responsables públicos, directivos, sindicatos, trabajadores (haylos), medios privados…

El problema no es fundamentalmente económico, aunque cualquier solución saludable requiera un planteamiento económico que, sin necesidad de mayores aportaciones públicas, amparara otro modelo. Si no se quiere así mejor tomar decisiones bravas y no perder más tiempo y más dinero con tal no de ser el que apague la luz; porque, la verdad, hay gente empeñada en fundir los plomos para que parezca un apagón… fortuito, por supuesto.

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