«B». David Ilundain, 2015

 Parece que este primer largometraje de David Ilundain, que lleva a la pantalla grande una obra de teatro de Jordi Casanovas dirigida con éxito en los escenarios por Alberto San Juan, está encontrando serias dificultades para su normal distribución en las salas de cine españolas. De confirmarse, sería una muestra más de la brutal injerencia –abierta o solapada; o del miedo a que se produzca, algo aún peor– del poder político en la actividad de los medios de comunicación, culturales y de entretenimiento a la que nos están acostumbrando a la fuerza en esta democracia degradada que padecemos.

Sería especialmente chocante, también, porque B no revela nada que no fuera conocido por cuantos ven la televisión, oyen la radio o leen los periódicos (salvo algunos, claro). La película, como la pieza de la que procede, reproduce la toma de declaración de que fue objeto el extesorero y exsenador del Partido Popular, Luis Bárcenas, por parte del juez Pablo Ruz en la Audiencia Nacional el 15 de julio de 2013.

Poco puede decirse, pues, desde el punto de vista del contenido material, que no haya sido dicho y comentado ya, desde las más diversas perspectivas (aunque nunca está de más repetirlo de distintas formas, para que algo tan grave no caiga en el olvido). Por eso mismo, lo que interesa aquí es la forma específica, cinematográfica, en la que el director y guionista, junto a su equipo de colaboradores –entre ellos, unos intérpretes excelentes–, han dado a ese hecho, desarrollado en un espacio único y en continuidad temporal, aunque sintetizando las cinco horas que duró aquella declaración en apenas ochenta minutos de película.

Hay que decir, ante todo, que el resultado es sorprendente. No por su veracidad, que no está en cuestión, dado que no se trata de un documental, ni se presenta como tal, sino de una obra de ficción, que intenta resumir y hacer creíble lo que pudo ocurrir en aquella minúscula sala llena de letrados, donde el protagonismo absoluto corresponde al intenso duelo que mantienen el juez y el declarante, que aunque se niegue a aceptarlo con indisimulada arrogancia, no solo ha sido detenido, sino que ha llegado allí directamente desde la prisión y volverá a ella.

Si hablamos de duelo es porque la cámara de Ángel Amorós y el montaje de Marta Velasco, dirigidos por Ilundain, realizan un espléndido y meticuloso trabajo para que el espectador viva ese singular enfrentamiento entre un juez de instrucción y el imputado más conocido de una de las tramas de corrupción más escandalosas de nuestra historia reciente. Y porque, mediante esa labor de auténtica creación audiovisual, los actores que interpretan a Ruz y Bárcenas se hallan cara a cara, pero siempre con un determinado desplazamiento de sus rostros en la pantalla, con un juego de enfoques y desenfoques, y con un ritmo en la alternancia de los planos, puestos al servicio de los diálogos, que, más allá del sentido de estos, acumulan, como los silencios del protagonista, una gran cantidad de sugerencias de todo tipo.

Una de ellas consiste, por ejemplo, en que frente a la manera torrencial y altiva, llegando a la chulería, que tiene Bárcenas de lanzar su catarata de gravísimas acusaciones, llena de nombres importantes, políticos y empresas de la mayor relevancia, y gracias a sutiles inclinaciones o movimientos de la cámara, el juez da la impresión de amilanarse, quizá preocupado por la idea de que ningún detalle del procedimiento pueda dar pie a alegaciones o peticiones de nulidad por parte de uno de esos abogados –en este caso, el tenebroso exjuez Gómez de Liaño– dispuestos a retorcer las situaciones hasta lo inverosímil, en beneficio de los intereses de los clientes que les pagan bien. Y no conviene olvidar, tampoco, que detrás de este se halla nada menos que el partido que gobierna en ese momento en España, cuya cabeza visible se permitió declarar, por cierto, que nada de lo que se dice de todos esos asuntos es cierto…, «salvo alguna cosa».

Por eso, hasta los menores detalles de esta particular coreografía judicial y política adquieren notable importancia. Como ese intermedio que el guion introduce sabiamente hacia la mitad de la acción, a modo de leve descanso, aprovechando la interrupción del policía que avisa al juez de que lo que se habla en esa sala está siendo transmitido por alguno de los asistentes a las redes sociales.

Acabe como acabe este caso –y no son demasiado optimistas las expectativas, habida cuenta de la trayectoria de los encargados del sentenciar la causa–, la película B quedará siempre como un reflejo valioso de unos hechos de primera magnitud y, al mismo tiempo, del valor insustituible del cine para cumplir esa función en nuestra sociedad. Aunque en esta ocasión, huérfanos de ayudas y del apoyo de alguna productora importante o cadena de televisión, los promotores del proyecto hayan tenido que recurrir a la aportación económica de casi seiscientos voluntarios, que figuran relacionados en los créditos finales.

 

FICHA TÉCNICA

Dirección y Guion: David Ilundain, sobre la obra teatral de Jordi Casanovas, «Ruz-Bárcenas». Fotografía: Ángel Amorós, en color. Montaje: Marta Velasco. Intérpretes: Pedro Casablanc (Luis Bárcenas), Manolo Solo (Pablo Ruz), Patxi Freytez (Enrique Santiago), Enric Benavent (Benítez de Lugo), Eduardo Recabarren (Gonzalo Boye), Pedro Civera (Gómez de Liaño), Celia Castro (Dolores Márquez de Prado), Ramón Ibarra (Miguel Durán). Producción: Bolo Audiovisual, Inicia Films y Settembre (España, 2015). Duración: 78 minutos.

 

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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