Después de su última comparecencia en el Congreso y en vísperas de otra, próxima, ante la comisión de investigación sobre la financiación de PP, al presidente del Gobierno español se le debería denominar “señor Rajoy B” o tal vez “señor Brajoy”.

¿Por qué?

Por ejemplo, para hacer honor a su familia materna, Brey, y corroborar la atención del PP a la lucha por la igualdad y en defensa del feminismo.

Quizás haya otras razones para la nueva denominación, pero, en cualquier caso, tanto “Rajoy B” como “Brajoy” completan la identidad del personaje. Y suenan bien. Suavizan. Como el “seorías” que repite cuando se dirige a los parlamentarios, un hallazgo lingüístico más internacional y ecuménico que el racial y patriótico “señorías”, palabra que quienes desconocen el español no aciertan a transcribir. Ni la eñe ni la erre son comunes.

Por el contrario, la B que incorporan tanto el “RajoyB” como el “Brajoy” resuelven dudas. Se entienden en español, en francés, en inglés… y así rinden tributo a la identidad políglota del personaje. Otra razón más. Y las que faltan.., por conocer.

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