Silencios delatores

Congreso de los Diputados. Un minuto de silencio intempestivo con los “acusados” en silencio y de pie.

Hay imágenes que evitan las palabras.

La portavoz del PP se saltó el reglamento del parlamento para echar en cara al Gobierno y a sus socios el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Y el hemiciclo entero guardó silencio y se puso en pie. También los representantes de Bildu.

Más allá de los comentarios posteriores, ese simple gesto de los diputados abertzales puso en evidencia su reconocimiento de errores pasados, ya fueran de identificación o de complicidad con ETA. Quienes reclamaron el minuto de silencio solo buscaban el rédito de los muertos, por si no bastaba el lazo azul que representó el sentir de la inmensa mayoría de la sociedad española.

A punto de finalizar la primera jornada del debate sobre el Estado de la Nación, el portavoz de Esquerra Republicana puso sobre el atril dos balas, supuestamente utilizadas por la policía marroquí contra los sudafricanos que trataban de entrar en Melilla. No era el día de poner balas sobre la mesa. Tampoco el lugar, que aún luce las huellas de un Golpe de Estado que otros parecen alentar.

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