En la comunicación los mediadores tienen mucho peligro.

En la comunicación de masas son necesarios.

La subjetividad del periodista aún no ha encontrado sustituto.

Quienes defienden que las redes sociales han acabado con el riesgo de la mediación o se equivocan o mienten.

Me ha gustado un artículo de Evgeny Morozov: Amordazados por los robots informáticos, publicado en El País (24/11/2012).

Mejor estar prevenidos. No nos engañemos. Más vale la subjetividad contra la que recelamos que la supuesta objetividad ante la que nos situamos indefensos.

Internet fue un invento al servicio de los ejércitos. La CIA participa de la propiedad de Google. No son los únicos. Apple, Microsoft, Facebook, Yahoo, Ebay, Amazon y, de nuevo, Google, esconden sus beneficios a Hacienda y sea amparan en paraísos fiscales.

¿No tiene esta nada con sus propósitos, con su credibilidad, con su decencia?

Antes desconfiábamos de las empresas, de la información concebida como negocio. Nos imponíamos cautelas, recelos, desconfianzas. ¿No era más creíble la época en la que los mediadores tenían rostro?

Por ejemplo,la mayoría conoce el rostro de Jenaro Castro o el de Julio Somoano. Basta ese hecho para que la mayoría se inmunice. de sus tergiversaciones y sus manipulaciones. El Informe Semanal de La1, el estandarte de la información mesurada y plural de los últimos años (aunque  con un formato y algunos planteamientos más demodés que  la Tana) se ha transformado en una ridícula denuncia de sí mismo y de lo que representa. Su director, el tal Jenaro, fue un pupilo de Urdaci que en los añños subsiguientes se transformó en pelota de la oposición, chivato mendaz (contra los profesionales sin su misma bandera o sencillamente críticos ) y arribista siempre acodado en la barra de sus protectores. Pese a eso, nadie le castigó; incluso tuvo responsabilidades y pluses. A él, por el contrario, le basta que alguien le mire de reojo o que no se someta a sus mentiras para ejecutarlo.

Julio Somoano, aplicado en Telemadrid en la manipulación y el sometimiento, se ha rodeado de otros colegas del mismo master, bregados en la independencia liberal de doña Esperanza.

Todos ellos llevaron a la ruina en vidas anteriores a sus propias empresa: al descrédito absoluto de TVE y al de Telemedrid. Ahora se concentran al unísono en la primera. Pero estamos advertidos y dudamos de lo que nos cuentan y de cómo nos lo cuentan. Y estoy seguro de que, en este caso, hay muchos más que lo sabemos. Y no es solo cuestión de audiencias.

 

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