La infanta no hace el paseíllo. Tiene mérito, porque, que se sepa, no se había caído del cartel[1].

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¿A nadie le llama la atención que la Infanta necesite una semana de entrenamiento antes de acudir a su cita con el juez? ¿Decir la verdad resulta tan complicado? ¿O es que la verdad y la justicia son incompatibles?

Tal vez por eso nadie pensará en la justicia sino en el amaño.

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El entrenamiento fue un fracaso: la infanta aburrió al juez a base de “no sé”, “no me consta”, “no recuerdo”. ¿Ese fue el resultado del coaching? Cualquier creyente en la justicia habría pensado que la preparación de la comparecencia serviría para saber, tener constancia y recordar. Pero ya no quedan creyentes en la justicia. Ayer murieron los supervivientes.

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Sin embargo, la infanta aportó un elemento digno de atención: “Yo confiaba en mi marido”. ¿Sigue confiando? No se sabe, no consta, no se recuerda, porque la declaración le inculpa pero la convivencia le disculpa.

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Y la Corona, en Babia. O en Botswana. ¿Puede pedir acaso decisiones ejemplares? A los ciudadanos, a diario; ¿y a sus hijos? Con lo que han visto en Casa…

 

 

 

[1] Aplíquese el segundo significado admitido por RAE: cartel2 o cártel.

(Del al. Kartell).

1. m. Organización ilícita vinculada al tráfico de drogas o de armas.

2. m. Econ. Convenio entre varias empresas similares para evitar la mutua competencia y regular la producción, venta y precios en determinado campo industrial.

 

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