Artur Baptista de Silva, 61 años, falsificador de documentos y cheques, y por ello expresidiario, alcanzó el reconocimiento nacional sin renegar de su pasado turbulento. Se hizo pasar por experto economista y consultor de la ONU para ascender a los más altos estrados del pensamiento económico de la Portugal en crisis. Desde allí hizo un tránsito de coser y cantar hasta las tertulias más conspicuas de los medios de comunicación lusos.

Las sociedades intelectuales y académicas celebraron sus aportaciones en contra de la austeridad y a favor de la ciudadanía. Los poblados auditorios que escucharon exactamente lo que deseaban le aclamaron con entusiasmo.

Sin embargo, descubierto su auténtico currículo, se le ha perdido el rastro.

– Hay presidentes, ministros y otros muchos que, como él, saben lo que copian de internet.

– Este tipo era un impostor.

– ¿Cuántos lo son mucho más y cobran a espuertas por sus haceres o sus decires?

El luso, al contrario, daba las charlas gratis. Y en sus pronósticos no acertaba menos. Al contrario, quizás más. Y si la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero…

– Más aún. Nadie mejor que un impostor convicto y un falsificador confeso y expresidiario para hablar de estos asuntos con conocimiento de causa.

– Porque los otros, los de los haceres y los decires, tendrían que pasar por la convicción, la confesión y… ¡la cárcel!

El portugués pasó las tres reválidas. Los otros, no. Les queda, como poco, la más importante.

– Sólo así conseguirán nuestro respeto.

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