Sólo poder

De vez en cuando peco. Incumplo mi compromiso de no leer crónicas electorales, de atenerme estrictamente a los titulares del debate político, y me adentro en la letra pequeña. Y una y otra vez concluyo con las mismas preguntas.

A la clase política, en general, sólo le interesa el poder. Su acción está orientada en esos términos. Sus propuestas ideológicas no tratan de transformar la realidad sino de aglutinar a los votantes a favor de quien las formula. Tal vez sea irremediable.

Sin poder no hay posibilidad de transformar nada, me explicaron alguna vez los adalides de estos manejos. Y quizás sea cierto. Como lo es que, una vez alcanzado el poder, lo único importante es mantenerlo. Ya vendrá la transformación. Cuando el poder haya arruinado cualquier expectativa.

Esta lógica perversa puede parecer repugnante. Quizás lo sea. Pero entiendo menos por qué los medios de comunicación la identifican con la política. Por qué lo consideran tan normal. Por qué, cuando hablan de elecciones, de sondeos, de propuestas e incluso de programas sólo importa quién gana y quién pierde; si lo que se dice sirve para el triunfo o la derrota; por qué una promesa o una crítica sólo se valora en función del rédito electoral y no de la evolución que pueda auspiciar…

Por eso: porque la transformación es siempre para luego, porque para esa pretensión hoy es siempre todavía. Lo dijo Machado y era una invitación a la esperanza, a la rebeldía. En este contexto suena exclusivamente a resignación y a desencanto. Lo normal.

 

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