Esta sociedad ha puesto nombre a los culpables de cuantos problemas le afectan: “los políticos”. Más allá de la generalización, siempre inexacta, este pretendido axioma evita cualquier otra responsabilidad. Por ejemplo, la de la sociedad, la del conjunto de los ciudadanos e incluso la de determinados maleantes que azuzan el cotarro.

Baste un ejemplo. La reclamación para que los niños puedan salir del confinamiento en el que se encuentran, por decisión del gobierno y como consecuencia de la pandemia de la Covid-19, fue creciendo hasta ser asumida por gran parte de la ciudadanía. El Gobierno acordó determinadas medidas. Y surgió una pregunta: ¿se pueden utilizar para el “recreo” infantil los espacios comunes de las urbanizaciones privadas? El mismo ejecutivo respondió que las comunidades de vecinos podrían establecer los criterios aplicables. Los representantes de esas comunidades se lanzaron contra el Gobierno, porque solo a él le corresponde la decisión. Lo contrario abocaría irremediablemente al enfrentamiento entre los vecinos.

Si las disputas estaban aseguradas, si los vecinos no son capaces de resolver algo tan elemental, ¿qué se le puede pedir a “los políticos”, salvo que se líen a tortazos entre ellos? En cualquier caso, la suerte está echada: ellos tendrán la culpa.

Nada que añadir.

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