Dadas las exigencias de eso que llaman mercados, de la insistencia de las autoridades europeas y patrias y, para colmo, a la vista de los resultados obtenidos, ¿Qué más se puede hacer? Se lo pregunta Antón Costas en El País y lo que dice invita a pensar en lo que en mismo suplemento dominical del diario madrileño Paul Kurgman establece como conclusión: El suicidio político de Europa.

Aquí queda para que nos entiendan nuestros deudos. Y si pueden, que pidan responsabilidades. Porque algunos ya pensaban que morir antes de tiempo no era necesario.

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