Si los teléfonos, en verdad, fueran inteligentes, desarrollarían algún mecanismo para golpear la mollera de determinados usuarios. Salvo que la inteligencia sea incompatible con la razón y la justicia, los teléfonos no podrían quedarse impasibles ante lo que algunos consumidores transmiten.

Quizás en el pasotismo de los teléfonos inteligentes tenga Eduardo Zaplana, que en los últimos año ha cobrado un millón de euros anuales por sus servicios a Telefónica, pero no ha contribuido a la evolución del artilugio hacia fórmulas más comprometidas.

A fin de cuentas fue él quien transmitió por teléfono (aunque entonces no los había inteligentes) aquella frase tan sincera como desvergonzada de que estaba en política “para forrarse”. No iba a ser él quien propusiera que los teléfonos desarrollaran puños o puñales de defensa ciudadana.

Luego llegaron otros (los del “amiguito del alma” o el “Luis, sé fuerte”) que, sin pretenderlo, justificaron un procedimiento de justicia inmediata, que los teléfonos podrían ejecutar de manera casi automática.

El asunto es cada día más urgente. Basta escuchar la conversación entre dos prebostes de la trama Púnica, José Miguel Moreno y David Marjaliza:

– D.Marjaliza: ¿Qué tal?

– J.L.Moreno: Bien, bueno…, bien.

– D.M.: Tocándote los huevos y ya está.

– J.L.Moreno: Tocándome los cojones, que para eso me hice diputado.

-D.M.: Para eso uno ha estudiado, eh? (Ríe)

– J.L.M.: (Ríe) Y ahora estamos peor, porque ya los meses de julio están habilitados para hacer plenos y tal y todo el mes de julio tengo que currar.

(José Miguel Moreno fue alcalde de Valdemoro y diputado regional. David Marjaliza, empresario, prosperó gracias a su amistad con Francisco Granados, también exalcalde Valdemoro y, luego, consejero de presidencia de la Comunidad de Madrid; en todo caso, hombre de confianza de Esperanza Aguirre e Ignacio González).

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