Objetivamente lo más probable es el desastre. La frase, entresacada de una entrevista de Cristina Galindo al historiador Felipe Fernández Armesto, publicada en El País, tiene contexto. Él aludía a que la sociedad cambia “a un ritmo sin precedentes en la historia del mundo. Eso inquieta a la gente, que siente que puede perder el hilo de la identidad, de sus tradiciones, de su cultura…”. O sea, “vivimos una época de ansiedad irracional”.

Terrorismo, crisis, paro, inmigración, cambio climático… “Nos sentimos muy amenazados. Hay más milenarismo en el mundo actual que en la Edad Media. El temor a que se acabe todo es más difuso que nunca. Y, objetivamente lo más probable es el desastre”.

¡Ánimo, pues!

Para el historiador sólo existe un antídoto. “Tenemos que intentar comprender el cambio y las causas de su aceleración, debida principalmente a los intercambios culturales que conlleva la globalización”.

Leyendo esto. Pensando en la campaña electoral que se termina, cabe sospechar que aquí se desconoce el diagnóstico, la terapia o la vacuna. Y en consecuencia, que el probable desastre avanza.

¡Suerte!

 

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