La tremenda crisis provocada por el Covid–19 tiene que terminar. Por los damnificados pasados, presentes y futuros; por los afectados mortales, graves, crónicos, ambulatorios o silenciosos; por millones de personas, familias y colectivos sociales. Por todos.

También tiene que terminar para reconocer con sosiego y emoción el trabajo de algunas personas que han conseguido mantener consciente y viva a toda la sociedad con acciones veraces, solventes y mesuradas. Los que pasen esta feroz epidemia tendrán que buscar tiempo y maneras para reconocer el denuedo de lo que ellas representan. Por ejemplo, el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón.

No solo por la tranquilidad y la normalidad con la que ha afrontado situaciones muy graves, sino porque fue capaz de sobreponerse a las críticas, muchas veces cargadas de disparates, que se lanzaron contra él desde muy diversos frentes. Y, sobre todo, por su soledad.

¿Ha podido errar en algunas apreciaciones, en algunas expresiones, en un exceso de moderación o en haber aceptado asumir el papel de avalista de quienes, en realidad, tomaban las decisiones? ¿Cuánto hay, si lo hay, de error o de virtud en todo ello?

Sin embargo, cada día surgen nuevos sabelotodo que critican, a partir de lo que sabemos hoy, lo que se decidió ayer. Y cada día sacan más pecho otros que supieron el remedio desde el primer momento, aunque todavía ahora desconozcan las complejidades del caso que nos concierne y amenaza o la manera de llevar a cabo en su momento anterior lo que predican en el presente.

Ni los unos ni los otros ayudan en nada. Su crítica es inútil como estímulo, porque, tal y como la han formulado y en el tiempo en el que lo han hecho, solo da pábulo a la insolidaridad y al desacato.

El coronavirus nos pone deberes: reconocer el esfuerzo de quienes se jugaron la vida, la salud, los propios bienes, la comodidad e incluso el aprecio ciudadano a favor de todos. Y entre ellos estarán los muchos que trabajan como y junto a Fernando Simón. Gracias a ellos.

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