Un monumento a Falciani, por lo menos

Hervé Falciani quizás tenga nombre de mafioso, pero vamos a tener que canonizarlo.

Suiza quizás le quiera meter en el trullo, pero franceses, griegos y españoles, entre otros,  vamos a iniciar la suscripción para levantarle un monumento.

Hay 130.000 individuos dispuestos, quizás, a perseguirlo por las esquinas, pero somos millones los que vamos a ampararlo de los porrazos.

O eso nos gustaría. Y eso, en realidad, se merece.

 

Hervé Falciani es un informático que trabajaba en un banco (malo, malo, como solo un banco puede serlo, le pongan el apellido que quieran): el HSBC, de Ginebra. Hasta su ordenador llegaron los nombres y las cuentas de 130.000 individuos que escondían sus caudales del control de sus países de residencia. Y los guardó. Luego, digamos que se fue de vacaciones.

Las autoridades suizas corrieron en su búsqueda, acusándole de ladrón de secretos. La policía gala le detuvo. Pero, al tener ante sus ojos el cuerpo del delito, en vez de arrestar al fugado y devolver los archivos, decidió que aquellos datos no eran sino la prueba del enorme fraude que otros habían cometido; o sea, que los delincuentes, en todo caso, eran los compatriotas franceses que figuraban en los archivos de Falciani.

Sin embargo, en España, tan comprensiva con los defraudadores, la policía le detuvo; lo hizo en Barcelona, ciudad asimismo complaciente en estas materias. Y allí está, pendiente de extradición.

Mientras tanto, las autoridades galas informaron del tesoro hallado al resto de países damnificados. En España aparecieron así, por arte de birlibirloque, 6.000 millones de euros vagabundos por expreso deseo de 659 patriotas, entre los que se encuentran el filántropo Botín y familia. Las autoridades de Hacienda del momento (2010) anunciaron que aquel descubrimiento había permitido “el mayor proceso de regularización de la historia del fisco”, pero sus sucesores propusieron una amnistía fiscal. O sea…

En Grecia están en las mismas. Y por ellas, otro probo ciudadano, el periodista Kostas Vaxevanis, anda de juzgado en juzgado, porque, en viendo que a las autoridades el asunto no parecía importarles la cosa, tuvo el atrevimiento de publicar la lista de los 2.000 prebostes con cuentas descontroladas. Y eso que no dijo nada de las cuentas, para no exasperar más a las turbas que reclaman en la calle un alimento que llevarse a la boca mientras otros les roban con guantes de seda.

A Falciani, pues, habrá que hacerle un monumento. Pero que nadie se engañe: con dinero de nuestro bolsillo. Porque en este país, todavía, Hacienda cobra una deuda tributaria de mil euros en vía ejecutiva (o sea, por las bravas y de inmediato), pero una de cientos de miles queda siempre “pendiente de cobro” en tanto no se resuelva el proceso judicial. En ese limbo hay, en estos momentos, 50.000 millones de euros.

Sin bancos y con estos dineros recuperados no habría hecho falta ningún rescate. Y podríamos ir al médico sin pagar ni… un euro. Y a la escuela. Y a tantos sitios…

Para eso hace falta que Falciani sea presidente, aunque tenga nombre de mafioso. Otros no lo tienen, y lo son. Y encima nos gobiernan o deciden sobre lo que nos afecta.

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