La gallina ha dit que no, visca la revolucio!, clamaba Lluis Llach.

Algo parecido gritó antes Raimon: “Diguem no”.

Y este domingo, ahora mismo, en el juego del gallina que han librado, libran y librarán con la Unión Europea, los griegos han dicho “no”.

¿Pero pueden saber, podemos saber, a qué han dicho “sí”? ¿O eso depende, sigue dependiendo y dependerá del Eurogrupo, del FMI, de Merkel?

¿Admitirán ellos la presión? ¿Abrirán mañana los bancos helenos? ¿Con qué condiciones?

El entusiasmo de los griegos se comprende. El de determinados grupos europeos, ¿tiene fundamento? ¿Será la decisión de los griegos suficiente para que la Unión Europea se replantee su propia política y hasta su esencia?

¿Hay alguna razón para dejar de estar en vilo? ¿O es posible ir a peor?

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