Un paisaje bajo el volcán de la soledad

La primera novela de Paulina Flores parece marcada por el paisaje, por el agua y el viento, por los confines del desarraigo que ahoga los afectos y la intemperie del hacinamiento o la soledad que habitan unos personajes que huyen de sí mismos más que de su pasado. La obra tiene un título, Isla Decepción que coincide con un espacio natural y real y que también alude a un lugar cerrado y absorbente que convoca al fracaso de la libertad y del afecto.

El desarrollo de la novela se trenza sobre impresiones, momentos e imágenes sucesivas que ayudan a entender el principio, pero no a conocer el final. Una narración volcánica, explosiva y ardiente, que hace honor al lugar concreto, real y simbólico, donde se desarrolla el relato.

La escritora chilena ha explicado que pretendía “mostrar que el mundo es bello y lo estamos llenando de basura y también que no se puede escapar de ello”, pero ese es, en todo caso, un aspecto secundario que reduce el valor de un texto en el que, en medio de la brutalidad que absorbe la realidad del mundo que refleja, aún cabe, aunque mínimamente, la ternura.

La novela incluye dos planos relevantes y poderosos unidos por único personaje, más secundario que protagonista, en común. Porque el verdadero protagonista es el paisaje. Por una parte, el barco-factoría, que revela la atosigante explotación que sufren los marineros orientales, hacinados y despreciados, sin resquicio para la solidaridad e incluso la empatía. Por otro, la experiencia de unos personajes solitarios, prófugos de la familia que un día fueron.

Paulina Flores muestra en su Isla Decepción una narrativa firme y provocadora, que elude la emoción. El lugar, eminentemente volcánico, condicionan al paisaje y a sus habitantes.

Artículo anteriorGato por liebre (a propósito de la reforma laboral)
Artículo siguienteDe jueces y tribunales constitucionales