Un poco cambia mucho

Solo con cambiar un poco del pasado se puede cambiar mucho del futuro. Me lo dijo, sin pestañear, un niño de siete años. Él cree posible viajar al pasado y al futuro y así imagina historias y aventuras en las que los personajes van hacia atrás, casi siempre deprisa, y hacia delante, casi siempre despacio. Este ejercicio, más allá del ritmo de las secuencias, ha alentado a lo largo de la historia numerosas utopías y distopías y ha servido a escritores, artistas e intelectuales para comprender las causas y los efectos de determinados hechos, decisiones e incluso disquisiciones.

¿Por qué, entonces, resulta tan difícil comprender la necesidad de cambiar algo del presente para alumbrar nuevas expectativas de futuro?

Hay niños de siete años que comprenden mejor la realidad en la que viven que muchos de quienes dirigen la sociedad en que esos chavales crecen.

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