Un propósito inquietante

Los presidentes de los parlamentos tienen entre sus funciones la mediación, el arbitraje, el respeto a los grupos; a sus señorías y a las normas que regulan la actividad de la cámara. ¿Va de eso la negociación que han emprendido ERC y la CUP en el Parlament de Catalunya? ¿Es normal que el candidato al cargo pertenezca a un grupo que se reconoce en un extremo del espectro y que no representa ni siquiera al 7 por ciento de una cámara en la que conviven tres grupos que casi lo triplican en escaños?

Tal vez se busque un personaje dispuesto a ir a la cárcel; es decir, a forzar las normas más allá de sus márgenes, a sabiendas de que la sanción servirá para legitimar a su grupo en una carrera en la que se premia la radicalidad y el enojo.

La presidencia del Parlament tiene un objetivo: “Lo fundamental”, proclama el representante del grupo nominado, “es luchar contra el fascismo”.

La proclama inquieta. ¿Estaré incluido en ese concepto arrojadizo? ¿Lo estarán familiares y amigo con derecho a voto a voto en Cataluña, incuso votantes de la misma coalición? ¿Y usted, lector? Si alguien nos lo pudiera aclarar, dormiríamos más tranquilos. En mis pesadillas, provocadas en buena medida por las imágenes que acumulo cada día, me agobia el fascismo de algunos antifascistas. ¡Qué fácil es la descalificación ajena! Y a lo mejor, Hasél nos saca de apuros.

Si lo hubiera hecho Vox, sobrarían muchas preguntas.

Algunos propósitos revolucionarios se transforman en armas contra la revolución.

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