«El cumpleaños de Ariane». Robert Guédiguian, 2014

El cineasta marsellés de origen armenio Robert Guédiguian, uno de los máximos representantes del llamado Nuevo Realismo Europeo de los años noventa y autor de una nutrida filmografía caracterizada por su capacidad crítica hacia esa sociedad y por su reconocida militancia izquierdista, da la impresión de tomarse un respiro con este filme, que bien pudiera ser, sin embargo, una continuación o profundización de la línea iniciada con Las nieves del Klimanjaro (Les neiges du Kilimandjaro, 2011), sin abandonar por ello sus convicciones fundamentales. Y lo hace adoptando la forma de un regalo muy especial a su compañera e intérprete habitual, Ariane Ascaride, con motivo del cumpleaños que sirve de título español a la película y que suplanta al mucho más expresivo original, Al hilo de Ariadna, juego de palabras que alude al mito griego de la dama que facilitó al héroe Teseo el instrumento necesario para adentrarse en el laberinto del minotauro y matar al monstruo devorador de rehenes.

Porque es Ariane quien nos conduce por este intrincado conjunto de situaciones que parecen absurdas, irreales, pero que sirven para desgranar no pocas reflexiones muy sugerentes, formuladas como de pasada, como sin querer, dentro de un conjunto que se presenta explícitamente, desde el primer título de crédito, como «una fantasía de Robert Guédiguian».

La protagonista prepara cuidadosamente una tarta con la que piensa celebrar en familia lo que más adelante sabremos que es su cincuenta aniversario –una discreta galantería del director, dado que la magnífica actriz acaba de cumplir en realidad sesenta–, cuando recibe la noticia de que ninguno de sus parientes podrá acudir a la fiesta. Desolada, sale de casa, sube a su pequeño automóvil y se encuentra atrapada en un atasco que, sorprendentemente, no provoca entre los conductores y sus acompañanntes la irritación que cabía esperar, sino unas irreprimibles ganas de bailar. Además, un joven se ofrece a llevarla a un lugar donde saciar el hambre… porque, aunque ella lo ignora, tiene un acuerdo con el dueño de la casa de comidas en cuestión, y cobra comisiones por trasladar hasta allí a grupos de turistas de la tercera edad.

Comienza así una aventura en la que Ariane entra a formar parte de un pintoresco grupo humano formado, entre otros, por el citado joven; su novia, que se dedica a la prostitución porque prefiere ese oficio al de ser cajera en un supermercado, provocando los celos e incluso la violencia de él, que la protagonista le reprochará ásperamente, pagándole con la misma moneda; el dueño del pequeño restaurante, practicante de una particular filosofía de la vida; un extraño erudito también mayor que escribe frases sentenciosas y no se sabe si es estadounidense, como pretende, o un farsante; y un africano ya jubilado, que no puede volver a su país porque perdería la pensión y sueña con liberar a los animales disecados o conservados en formol que se amontonan en el vetusto museo de historia natural donde trabajó durante treinta años. A todos ellos habrá que añadir –en los escenarios de Marsella, L’Estaque y Martigues que utiliza siempre el cineasta– a un taxista que la llevó al principio pero no pudo cobrar su servicio porque unos delincuentes motorizados arrancaron de un tirón el bolso de Ariane, y que reaparecerá después como director de escena… y una tortuga que le responde con toda naturalidad cuando se dirige a ella.

Llevada por su afán de ayudar a todos los que lo necesiten, Ariane empujará al grupo a intervenir en diversas circunstancias no menos estrambóticas, mientras se oyen frases de condena al sistema económico y político vigente, breves textos llenos de enjundia, canciones de Jean Ferrat, en una banda sonora llena de fragmentos clásicos y de un emotivo homenaje final a Kurt Weill y Bertolt Brecht, antes de un desenlace puede que previsible pero que no debe ser desvelado, y que da coherencia y rigor a todo lo que hasta entonces hemos visto, en una mezcla de detalles divertidos, situaciones efectivamente fantasiosas y guiños cómplices de un cineasta que seguramente da por supuesta en sus espectadores una actitud crítica compartida pero que no siempre tiene que manifestarse a través de argumentos duros y descarnados, en clave de drama sin paliativos. Burla burlando, Robert Guédiguian se mantiene fiel a sus principios, aunque opta por materializarlos bajo unas formas diferentes. Felicidades, Ariane.

 

 

FICHA TÉCNICA

Título original: «Au fil d’Ariane». Dirección: Robert Guédiguian. Guion: Robert Guédiguian y Serge Valletti. Fotografía: Pierre Milon, en color. Montaje: Armelle Mahé y Bernard Sasia. Música: Eduardo Makaroff y Christoph Müller. Intérpretes: Ariane Ascaride (Ariane), Jacques Boudet (Jack), Jean-Pierre Darroussin (taxista / director), Anaïs Demoustier (Martine / actriz), Youssouf Djaoro (vendedor), Adrien Jolivet (Raphaël), Gérard Meylan (Denis), Lola Nymark (Lola). Producción: Agata Films & Cie (Francia, 2014). Duración: 92 minutos.

 

Más información en programadoble.com, el blog de Juan Antonio Pérez Millán.

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