Se lo advirtió Gabriel Rufián al presidente del Gobierno: “Debe decidir si gestiona una crisis o gestiona dos”. El diputado republicano reclamaba con esa frase medidas de confinamiento más drásticas para asegurar la salud de los ciudadanos.

Le podía asistir la razón en lo relativo a las medidas de confinamiento que requería, pero no en lo concerniente al dilema: si una o si dos. Desde los primeros momentos de la crisis del coronavirus se supo que las crisis que había que gestionar ya eran dos: la sanitaria y la económica. Y a aquellas alturas del debate parlamentario ya se podía anunciar que las crisis a la vista tendrá múltiples dimensiones: tres, cuatro, cinco…; porque las dos iniciales abocan ya a una crisis social en perspectiva que alimenta otra de carácter ideológico que se expande más allá de unos países o regiones determinados.

Están en juego los muertos de hoy, pero también los de mañana. Los que ya se contabilizan en las listas del coronavirus y los que se contarán a la vuelta de la esquina como consecuencia del paro, la desigualdad y el desamparo que acarreará la pandemia. Los primeros se deciden ahora mismo; los segundos, también.

Los primeros, ¿hasta qué punto podemos evitarlos? Los segundos, ¿hasta qué punto querremos impedirlos?

Para evitar los unos actúan médicos, enfermeros, científicos, etc., mientras los responsables públicos buscan a tientas medidas de emergencia. Para evitar los otros se reclaman medidas económicas, solidaridad internacional y, sobre todo, una sociedad decente, que no está a la vista. Pero esa doble atención choca con un problema fundamental: la solución de una y otra crisis requiere en no pocos casos decisiones contradictorias. La salud, lo primero. La atención a los más vulnerables, al mismo tiempo.

¿La economía, la sociedad actual, los organismos internacionales tienen voluntad y capacidad de acción para afrontar ese doble frente?

Los analistas debaten sobre la magnitud de la recesión en ciernes. Y ante ese frente, las perspectivas se complican. Por una parte, la alarma actual no solo responde al número de víctimas sino también a su heterogeneidad, porque el virus no entiende de clases sociales y porque ante este virus los ricos también lloran. Pero eso ocurre ahora.

Cumplido este periodo, una vez enterrados los muertos, se podrá comprobar que los damnificados supervivientes de la pandemia proceden del bando de los desfavorecidos y se constatará que el virus no afectó por igual a unos y a otros.

Entonces, ¿hasta dónde alcanzará la solidaridad que ya reclama la crisis social que se cierne sobre amplísimos sectores?, ¿se podrán implantar políticas fiscales que eviten una nueva ola de desigualdad creciente, acumulada sobre la que generó la recesión anterior?, ¿variarán los criterios económicos imperantes en las últimas décadas?, ¿se reforzará la tendencia favorable a los populismos y al nacionalismo, a la colaboración internacional o las fronteras?, ¿se evitará la tentación del autoritarismo en detrimento de sociedades abiertas que antepongan los derechos a la eficiencia que discrimina?

Estas preguntas plantean que la crisis actual aboca a otra profundamente ideológica.

Por eso, ¿cuántas crisis hay que gestionar en este momento? ¿Por dónde empezamos? Las decisiones que se tomen en cada ámbito repercutirán en los demás. Quienes alcancen a conocer los efectos de la gestión reconocerán los resultados como un legado, un sino, tal vez una fatalidad. Y lo considerarán, tal vez, como un hecho, un dato, una realidad… inevitable. No será cierto. Se puede evitar ahora. Ni una crisis ni dos; una verdadera pandemia sanitaria, social, económica, ideológica… Contradictoria y humana. La sociedad actual decidirá qué puertas elige para la salida.

En resumen. ¿Nos gobernará el virus? Responde Alain Touraine: “No el virus, sino nuestra impotencia para combatirlo”

Nota. Concluyo estas líneas, que había iniciado hace algunos días, con algunas referencias de interés que he ido encontrando en las últimas horas:

El mundo en hibernación busca salidas. Marc Bassets.

La tormenta perfecta de autoritarismo. César Renduelles.

El virus de la desigualdad. The Economist

 Esta crisis va a empujar hacia arriba a los cuidadores. Alain Touraine. Entrevista de Marc Bassets.

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