8 de marzo. En el día de la mujer trabajadora el PSOE consigue la alcaldía de Ponferrada gracias a un concejal condenado por acosador, en la actualidad líder de un grupo municipal independiente.

El caso Nevenka Fernández indignó a mucha gente. No porque Ismael Álvarez, el acosador, fuera alcalde y del PP, sino por su indecencia.

El secretario de Organización del PSOE, Óscar López, ha justificado la decisión de su partido en la capital de El Bierzo porque el acosador, tras emitir su voto, dejará la política. “A partir de hoy”, ha dicho López, satisfecho, “habrá en política un acosador menos”.

Y en Ponferrada habrá, si no dimite, un alcalde manchado por su desvergüenza. Las penas prescriben, pero algunas actitudes no se pueden borrar de la memoria mientras exista vergüenza.

Carme Chacón se ha desmarcado antes de que se perpetrara la ignominia. Rubalcaba ha salido a rebufo. Sáenz de Santamaría ha cumplido, porque ahora la mancha afecta a otros y protege a los suyos.

Dicen que últimamente los concejales del PSOE de Ponferrada compartían café, copa  y tertulia con el acosador. Es muy probable que incluyeran alguna grosería o chiste verde en sus debates.

¡Les salió una moción de censura! Todo un ejemplo. ¡Y en menudo día!

Dicho lo cual, algunos complementos.

De los 35.000 votantes que en las últimas elecciones municipales acudieron a las urnas en Ponferrada, 5,700 optaron por la candidatura de  Ismael Álvarez.

Tras las elecciones, el debate entre el nuevo PP y su anterior líder ha sido una cuestión de egos, no de escrúpulos. El propio PP mantuvo a Álvarez en su puesto mucho después de que se conociera su delito. Y el mismo día en que se produce la censura del PP por la moción de censura del PSOE, los populares se empeñan en mantener en su puesto a un corregidor orensano perseguidor y acosador de mujeres.

El PSOE, tras varios meses de gestiones para llegar a un acuerdo con el acosador, solo comprende que debe arrepentirse después de haberse cumplido el desatino. Ya de noche, Óscar López pide perdón una y otra vez hasta la humillación. Pero al político no se le concede el derecho a equivocarse, sino la responsabilidad del  error. Y este, en concreto, no admite coartada.

Máxime cuando el propio PSOE, con Zapatero al frente, impidió un acuerdo similar hace dos años. Él se enteró. Rubalcaba, no. Como Mato.

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