Las Hurdes definen una comarca geográfica, histórica y cultural que, por múltiples motivos, ha merecido la atención de antropólogos, científicos y numerosos creadores. A partir de ahí se fue fraguando, a lo largo de los años, su reconocimiento como símbolo de la España rural. La singularidad de su orografía, el abandono administrativo –cuando no la hostilidad– por parte de los poderes públicos, los vaivenes de las sucesivas etapas de su historia, la ejemplar resiliencia de sus habitantes, el enorme potencial de las referencias literarias, gráficas y cinematográficas y los relatos que cualificados viajeros trasladaron mucho más allá de sus confines han convertido a esta comarca en una referencia internacional.

Sin embargo, al socaire de ese patrimonio, Las Hurdes se han convertido también en el objeto de la interpretación e incluso la tergiversación de personas sin bagaje acreditado más allá de sus, muchas veces, loables intenciones. En ese capítulo pueden citarse publicaciones impresas, programas de radio y televisión y otro tipo de actividades con desigual repercusión en la opinión pública. En no pocas ocasiones el interés personal y emocional acerca de la propia comarca deriva en interpretaciones de escaso valor, si no generadoras de creciente confusión.

No basta con el cariño a la tierra, con la lectura de una limitada cantidad de publicaciones de referencia y con unos pocos contactos personales para construir nuevas aportaciones al conocimiento de la comarca; al contrario, esos elementos pueden contribuir más a la dispersión que al esclarecimiento de la compleja realidad de Las Hurdes, incluida la historia y la cultura generada a partir de ella. Por eso, parece más adecuado citar a quienes saben que sumarse a la nómina de los intérpretes o los profetas.

En esa senda de los que citan se ha querido situar Sergio Benito, autor de La Esperanza de Las Hurdes (Libros Indie), para reavivar la reflexión sobre la comarca a partir de un punto de partida radical: la comarca ha sido esquilmada desde el siglo XIII hasta el XX por el feudalismo impuesto desde La Alberca y, sobre todo en el quicio entre el XIX y el XX, por la religión. Desde esta perspectiva, Las Hurdes, más que una metáfora de la España rural, son un esperpento de la sociedad española.

Todo ello se argumenta con abundantes citas de algunos de los estudiosos de la comarca más reconocidos, aunque la conclusión que se impone sea también el punto de partida, por lo que, tal vez, el relato corre el riesgo de resultar más redundante que circular. El texto cuenta, en cualquier caso, con apoyo documental y, por tanto, con una base y un propósito del que carecen no pocos trabajos leídos en los últimos años con respaldo universitario o similar y limitados a la transcripción de fuentes apócrifas y banales o a la mera especulación.

Quizás no baste, pero merece la pena reconocer el planteamiento. Luego se puede requerir fundamentación a algunas  conclusiones del autor: desde el origen etimológico del término Jurdes hasta el ocultamiento del “embuste” o la “mentira albercana” o la relación entre entre la iglesia y el regionalismo extremeño, más paternalista que transformador.

Sergio Benito asume un riesgo extra cuando trata de fundir el relato histórico con la ficción, cuando a la aseveración de hechos e intenciones incorpora explícitamente su imaginación con la que recrea escenas y ambientes ajenos a lo constatable. La veracidad de un argumento choca con la apostilla de una serie de circunstancias que se reconocen como “imaginadas”; dos líneas legítimas para bucear más allá de lo documentado, pero que en este caso parecen enfrentarse entre sí.

En todo caso, ahí queda La Esperanza de Las Hurdes, ejemplo de un trabajo y una voluntad indudables.  

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