Los afectados por las preferentes perderán, como mínimo, el 60 por ciento del dinero que depositaron. Más o menos (según se mire), los afectados por las subordinadas. Los accionistas de Bankia, que aún no hace dos años pagaron cada título a 3,75 euros, se deberán conformar con un céntimo por acción,

¿Para qué irnos a Chipre o que Chipre venga a nosotros? No pillarán… sin nada. ¿Para qué asesinar a quien ya murió…, aunque fuera de hambre?

Alguien ha robado a muchos y el Gobierno ha amparado a los ladrones. La UE un día marca el rumbo y al siguiente aplaude.

 

La contrarreforma: frente a los hombres de negro, la Iglesia duplica a los hombres de blanco.

¿Para ayudarse o estorbarse? ¿O para nada?

 

¿Podría ocurrir que el laberinto italiano alumbre una salida a favor de la razón y la decencia?

Sospecho que Grillo no lo entiende, pero entre los suyos ya han emergido personas dispuestas a usar el juicio y la conciencia simultáneamente.

 

¿Para qué poner freno al avance del partido ultraderechista británico, si el resto de los partidos (conservadores, liberales y laboristas) corren a adoptar medidas cada vez más restrictivas contra los inmigrantes.

Caben dos respuestas. Una: por qué negar el poder a quienes mandan. Dos: los ultras no hacen falta, se bastan los que dicen no serlo.

 

De todos los casos de corrupción habidos y por haber en España hay dos que duelen especialmente. El de los EREs de Andalucía y el de las ayudas a la Cooperación de la Comunidad Valenciana. Quizás no sean los más graves o los más cuantiosos, pero muestran la calaña de quienes están dispuestos a sacar tajada de la desgracia ajena; hacerse rico o forrarse de coca por cuenta del paro de muchos o acumular propiedades por cuenta de la pobreza y el hambre de la mayoría.

En el fondo todos los casos de corrupción y robo del dinero público responden a ese planteamiento: desviar a la cuenta corriente propia lo que debía contribuir a los servicios públicos que podrían aliviar desigualdades. Sin embargo, los dos casos mencionados tocan directamente sendos símbolos de la solidaridad. Y para más inri en el primero de ellos están implicadas instituciones y personas que la proclamaban como el primero de sus compromisos: cargos socialistas, representantes sindicales.

Duele más. Mucho más. Pese al largo tiempo transcurrido desde que dejamos de creer en tales gremios.

De la misma manera que tampoco alivian las tropelías de Berlusconi, Sarkozy o Bárcenas y sus protectores..

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