Violencia de género: información crítica, pero sin corsés

Primer aviso. Hablar claro. Hoy, me parece imposible. Este es un asunto complicado. Cualquier desliz convierte a quien lo comete en sospechoso. Para avanzar, tal vez resultara más conveniente debatir, precisar, reformular… que movernos entre restricciones mentales, frases manidas, planteamientos políticamente correctos… Confiar en el interlocutor antes de encasillarlo o estigmatizarlo. (Luego, si hay que enviarlo a la hoguera, se hace).

Segundo aviso. Estamos en un momento pendular. Después de toda una vida con el péndulo amarrado a un extremo, no está mal que se haya liberado de la atadura. Y hay que reconocer el valor de quienes contribuyeron a desatarlo. E incluso hay que asumir que en este nuevo movimiento pueda sobrepasar el nivel de la plomada. No sé si es justo, pero me parece que puede resultar necesario. Pero sepámoslo. Aceptémoslo así, si así ocurriera. (Sólo así podremos aceptar, por ejemplo, que determinados delitos tengan consideración diferente en función del sexo del delincuente…)

Tercer aviso. Defiendo el valor cívico del panfleto. En una sociedad desigual, injusta, el uso del panfleto por las víctimas constituye un acto de legítima defensa. Por eso, al panfleto sólo tienen derecho los marginados, los que carecen de otros medios para defender su razón, los que se encuentran en una situación de desigualdad radical y manifiesta. Las mujeres han acumulado el derecho “histórico” al panfleto. Sin embargo, panfleto e información no son antitéticos. El panfleto no es información, sino un instrumento de combate. La información es el medio para que una sociedad adulta analice la realidad, la valore y la cambie… En una sociedad libre la información es el instrumento adecuado, el recurso de la normalidad y del medio plazo.

Cuarto aviso. Contra los códigos, los decálogos, los estereotipos…, contra el pensamiento encorsetado por lo política o socialmente correcto. Estos son, en este tiempo, los mayores enemigos de la reflexión, del análisis, e incluso de la transformación de la realidad. Los clichés, los apriorismos, las orejeras no sirven para el análisis ni para el combate. Siempre resultan despreciables. Por eso debemos exigir hablar claro, aceptar el momento pendular, combatir por lo justo e informar, porque este es el instrumento mejor para los decentes y para la decencia.

Quinto aviso. A favor de una sociedad crítica. Es posible que no haya existido una sociedad más manipulable que la actual. ¿Cómo defendernos? Confiar en que las estructuras de poder real de esta sociedad (incluyo a los medios de comunicación) cambien por propia iniciativa… parece una ingenuidad. Mejorar la capacidad de autodefensa. Ese es el objetivo. ¿Por dónde empezamos? ¿La familia, la escuela, la Universidad…? Hay ámbitos, los íntimos (para no confundir con privados) y los públicos, a los que se les debe exigir ese compromiso. Hacia el resto, sólo cabe la desconfianza.

 

Para ser fiel a estos principios voy a decir aquí exactamente lo mismo que respondí a mi hija en una ocasión en la que me preguntó por estos asuntos. Repetir ahora aquellas respuestas os asegura, como mínimo, que digo toda mi verdad. Con mis hijas me equivoco, pero no las miento.

 

 

¿Qué responsabilidad tienen los medios de comunicación en la información sobre violencia contra las mujeres?

 

Los medios de comunicación tienen una responsabilidad fundamental: dar cuenta a la sociedad de lo que es noticia, es decir, de los hechos que interesan a la gente porque le afectan, porque le preocupan, porque desvelan la realidad en la que vivimos… La violencia contra las mujeres es, por ello, un asunto del que los medios de comunicación deben tratar, dando cuenta de los datos generales, de la perspectiva de las afectadas y de las asociaciones que las representan, pero también, y muy en especial, de los casos concretos. Sin hechos concretos no existen, desde el punto de vista informativo, ni casos generales ni un problema social.

Durante mucho tiempo el primer problema de la violencia contra las mujeres radicaba en su “falta de visibilidad”. Considerado un hecho frecuente, ordinario –y por ende, “normal”- se mantenía en el ámbito de lo privado. La evolución de la sensibilidad ciudadana hizo que los medios se ocuparan, cada vez con mayor frecuencia, de estos hechos. Y la actitud de los medios ha llevado a una información cada vez más activa, más “intencionalmente beligerante” contra “la violencia de género”.

(¿A favor de los derechos de las mujeres? Sí. ¿Hasta donde ha llegado? Ha cambiado sustancialmente, aunque tal vez haya gente que no se dé por satisfecha. Otros, al contrario, se preguntan hasta dónde debe llegar. ¿Hasta donde establece el estado de derecho? También en este aspecto han cambiado las cosas. Antes, el riesgo de vulneración se producía en contra de las víctimas. Hoy, el riesgo se diversifica. Hay víctimas que legítimamente pueden demandar a los medios por violación de su intimidad, por ejemplo. Pero también algunos “supuestos” agresores que “podrían” haber agredido a una mujer estarían legitimados para reclamar por haber sido condenados socialmente antes que judicialmente. Sin embargo, el debate se sitúa en otros ámbitos.)

Los medios, decía, transmiten una información cada vez más activa, más “intencionalmente beligerante” contra “la violencia de género”. No obstante, ahora se discute si esa intencionalidad se corresponde con el lenguaje, con los contenidos reales, de los casos en cuestión. Y puede que en algunos aspectos el debate esté perfectamente justificado. No obstante, conviene distinguir el papel de los medios de comunicación –informar a la sociedad de los hechos importantes para la colectividad- del que corresponde a un movimiento social que pretenda una mayor sensibilización, un reforzamiento de la legislación o un creciente amparo de las víctimas. Y conviene distinguir el papel de los medios con el de la escuela o la familia, porque a aquellos no les corresponde –siquiera de manera expresa y directa- la educación de los ciudadanos sino la transmisión de datos que permitan entender la realidad en la que vivimos para que quienes así lo quieran intenten transformarla.

 

¿Cree que a la hora de confeccionar una información se tiene en cuenta cómo puede afectar esa noticia a una víctima potencial o real de la violencia de género?

 

Hasta ahora ha primado, sobre todo, el interés por dar cuenta de una realidad que permanecía oculta. Es decir, quizás haya primado el interés colectivo de las víctimas que el particular. No obstante, siempre hay que distinguir entre la “intención” del medio o del profesional que elabora una noticia y el “resultado final” del proceso de comunicación. Y en ese camino existen tantas frustraciones, o más, que en la comunicación interpersonal.

 

¿Cómo calificaría el informe elaborado por el Instituto de Radio Televisión Española?

 

Me parece que está lleno de buenas intenciones, aunque parta de planteamientos muy discutibles e incluso ignore la dinámica real de los medios de comunicación. Porque los medios de comunicación no son la escuela, porque el público de los medios de comunicación tiene tanta capacidad para discernir como los profesionales que trabajan en ellos –y similar a la de los doctores que teorizan al margen de la realidad–, porque encorsetar la información o el lenguaje no lo hace ni más claro ni más libre.

Me parece, en fin, un buen material para tenerlo en cuenta y para discutirlo, pero hay que evitar en la comunicación la configuración de clichés que convierten la información en tópico, y acaben banalizándola. Hay que tener cuidado de que el pensamiento políticamente correcto no resulte estúpidamente correcto.

No hay códigos universalmente válidos. Ni decálogos. Ni catecismos. En esta sociedad lo que hace falta son ciudadanos críticos. Y críticos, en particular, con los medios de comunicación. Pero ese proceso debe surgir desde la familia, la escuela y los poderes públicos. No obstante, aunque esa situación no se produzca, la influencia de los medios debe ser matizada. La sociedad y los ciudadanos establecen mecanismos espontáneos frente al poder y, también, frente al poder de los medios. Afortunadamente. Aunque, a mi modo de ver, sería buena una mayor inmunización frente a los virus mediáticos.

 

¿Los redactores que siguen este tipo de noticias, tienen en cuenta los puntos que pone de manifiesto dicho informe? ¿Deberían hacerlo?

 

Muchos lo conocen, han oído sus recomendaciones o su orientación, pero el informe no ha conseguido convertirse en una norma indiscutible. Me parece digno de ser conocido y discutido. En algunos aspectos estoy más de acuerdo que en otros.

 

Por ejemplo, ¿se sigue la evolución de los casos de principio a fin?

 

No. Pero así ocurre con todo. La información incide en los momentos más candentes. Nada se cuenta de principio a fin, nada se contextualiza de manera absoluta, todo se muestra fragmentado…  Es un problema difícilmente evitable. El único antídoto que conozco es el del ciudadano con su propia cosmovisión, basada en información, en datos y en valores…

 

¿Se utilizan expresiones como las que se recomienda evitar emplear: crimen pasional, celos, etc?

 

A veces. Pero el problema no consiste en si se utilizan sino en si facilitan información. Hay expresiones que se cargan de connotaciones que las convierten en irrelevantes. Y otras que adquieren una intencionalidad extraordinaria. Y hasta se puede pasar de lo uno a lo otro. Lo importante es la sensibilidad de la sociedad. Y esa, en el tema que nos ocupa, está cambiando de manera positiva. ¿Alguien se atrevería a decir, de verdad, que “pese a los medios de comunicación”?

 

¿Se dan demasiados detalles escabrosos?

 

Sin duda. Aquí sí debemos ser extraordinariamente críticos. Pero no sólo en lo que afecta a la violencia contra las mujeres sino en todo lo que pueda afectar a victimas, a personas… en todo lo que no facilita la comprensión de la realidad sino su contemplación morbosa y pasiva.

 

¿Considera que se deben dramatizar los casos?

 

En los informativos la dramatización de los hechos reales me parece, más que desaconsejable, detestable. En el cine o en el teatro se han hecho obras maestras…

 

¿Cómo cree que se actúa sobre cada uno de los puntos que el comité propone:?

 

Creo más en los criterios generales y en la sindéresis de los profesionales de la información. La excesiva normalización conduce a la artritis o a la esclerosis informativa, porque ataca a la inteligencia de los comunicadores y de los ciudadanos.

 

–       “no incluir mensajes estereotipados en los que se muestre a la mujer como víctima, como sexo débil”

 

Los mensajes estereotipados son estúpidos en sí mismos. Sin excepción. Sólo sirven para  ridiculizarlos.

 

–       “especializar a los periodistas que vayan a cubrir habitualmente las informaciones de este tipo, y dignificar así el mensaje informativo”

 

Me parece una exageración y corre el riesgo, a corto plazo, de empobrecer la información.

 

 

–       “ser cauto con la rutinización y evitar, tanto el efecto narcotizante de “un caso más”, como la generalización. (Se insiste en superar la dictadura del tiempo y, por derivación, la síntesis, haciendo hincapié en la claridad y sensibilidad”)

 

Ser cauto parece razonable. La rutina es, en sí misma, uno de los riesgos que el informador debe evitar a diario. Pero esta norma vale para un roto y un descosido, y en concreto parece contraponerse a la anterior.

 

–       “evitar la frivolización, el sensacionalismo, el alarmismo y las justificaciones encubiertas, que pueden influir sobre otras víctimas(; evitar el uso de expresiones como “crimen pasional” o “compañero sentimental” que además de ser una grave ofensa, es una manera de justificar el uso de la violencia (Abril)”

 

Luchar contra la friviolización, el sensacionalismo, el alarmismo y las justificaciones encubiertas resulta recomendable. El uso de expresiones incorrectas es, y esto nadie lo va a discutir, incorrecto. Sin embargo, ocultar datos porque puedan inducir a no sé qué cosa me parece una prevención casi siempre rechazable.

 

–       “no utilizar interesadamente el testimonio de las víctimas (recurrir a asociaciones que las representen) ni de las personas implicadas, directa o indirectamente, en la agresión(; las fuentes familiares o vecinales contribuyen a remarcar el carácter individual, personal y de ámbito doméstico de las agresiones (Abril)” )

 

Esta propuesta debe haber salido de una asociación deseosa de recoger subvenciones… La información en televisión se debe basar en lo concreto, en el caso directo, en el testimonio… Y a partir de aquí los espectadores, que no son tan estúpidos como algunos pretenden, obtienen conclusiones generales. Para ello hay que contar la historia concreta bien, con todos los datos relevantes, sin ocultaciones ni artificios.

 

–       “reflejar, junto al hecho de la agresión, otros detalles de la noticia, como las sentencias; se recomienda el seguimiento de los casos”

 

Se recomienda. ¿Es posible?

 

–       “no detallar aspectos socioculturales de los implicados (etnia, cultura, nacionalidad, trabajo) para evitar confusiones”

 

¿Por qué no? Los medios no hacen cada día un tratado sino que cuentan hechos concretos. Las conclusiones, la visión global del problema, se obtiene a través de la inducción, que es el proceso de razonamiento propio de los científicos. Y de la gente normal.

–       “es importante decir quién es el agresor y quién la víctima, la manera de actuar y de ser del primero y contribuir así a que otras mujeres tomen conciencia de lo que les pueda estar ocurriendo a ellas”

 

Sí, siempre que se esté seguro. Contribuir a que las mujeres tomen conciencia de lo que les pueda estar ocurriendo puede ser una consecuencia de una buena información. Temo que, si se planteara como el objetivo, se producirían demasiados errores y frustraciones.

–       “contrastar las fuentes estadísticas, y hablar no sólo de las muertes sino también de los castigos”

 

Contrastar, siempre. Hablar de los castigos… bueno. La información, con frecuencia, sólo permite brocha gorda y fragmentada. Y pese a ello, los ciudadanos “son capaces” de entender el mundo en el que viven. ¿A pesar de los medios?

 

–       “cuidar la confección del bloque de noticias donde se enmarca la información que, en este caso, nos interesa; no incluirla en sucesos, circunscribirla a la sección de sociedad”

 

Los sucesos suelen estar en la sección de sociedad. Me parece que se distingue naturalmente entre una cosa y otra. Aún más. ¿Por qué no interpretarla dentro de los “sucesos”?  Particularmente, a mí me interesan los sucesos en tanto que signos de las patologías sociales y la información de sucesos en la medida en que relata esas anomalías y nos permite entender mejor la sociedad en la que vivimos… Aplíquese a la violencia que provoca la avaricia, al desamparo que surge de la marginación y la pobreza… Detrás de los sucesos dignos de ser atendidos informativamente siempre hay una patología social y, por ello, sólo por ello, deben figurar en un informativo.

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