A las doce y media de la noche, en el espléndido Teatro Cervantes de Béjar se seguía hablando de cine, de Buñuel, de Las Hurdes. Así ocurría en la inauguración de la XX Semana de Cine Español de la  ciudad salmantina, tras el homenaje tributado a uno de sus impulsores, Juan Antonio Pérez Millán, y tras la presentación del documental Las Hurdes, tierra con alma, dirigido por Jesús M. Santos y protagonizado por Adriana Ugarte y Jimmy Barnatán.

La noche había comenzado con el homenaje al exdirector de la Filmoteca de Castilla y León, porque, sin su colaboración, la Semana no habría comenzado hace veinte años y, sobre todo, no habría llegado hasta aquí. En este tiempo, cien directores han acudido a presentar personalmente sus trabajos y a conversar con el público acerca de las obras en un ambiente extraordinariamente cordial e incluso estimulante, gracias a una organización eficaz y amable. De la gestación de la Semana y de su evolución dieron cuenta sucesivamente sus dos principales impulsores, el alcalde de Béjar, Alejo Riñones, y Juan Antonio Pérez Millán. Su futuro parece asegurado por el interés de los ciudadanos y también porque el Ayuntamiento y la Filmoteca castellanoleonesa, con una bejarana, Maite Conesa, al frente de la misma, sienten ese compromiso.
dia 10 02En ese contexto la presentación de Las Hurdes, tierra con alma rendía tributo al propio Juan Antonio, por su participación expresa en el documental y por su continuo estímulo en el proceso de producción, de elaboración del guión e incluso del montaje. Así lo reconoció el director del trabajo, quien, además destacó, que en su película había dos reflexiones representativas de toda su trayectoria: las profundas relaciones entre el cine y la sociedad, como instrumento que refleja la realidad y que en sus mejores momentos invita a transformarla, y el poder cautivador de las imágenes que reclama una educación en el lenguaje audiovisual para que el ciudadano pueda dia 2 03defenderse de los intentos de manipulación de quienes utilizan ese arma con intenciones pocas veces benévolas.

La proyección del documental fue seguida con atención y respeto por un público que llenaba el patio de butacas y, tras ella, se produjo un coloquio, ameno y de muy amplia temática, en el que participaron un buen número de espectadores. Cuando ya se habían cumplido las doce y media de la noche todos los participantes convinieron en cerrar el acto.

Otros se ocuparon de él, al día siguiente:

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