El secretario de Estado de Comunicación convocó a Fernando Garea en una cafetería para comunicarle que iba a ser cesado como presidente de la agencia EFE. La manera de ejecutar la decisión parece más propia de un tebeo que del BOE, pero con eso no se resuelve lo importante: ¿en qué motivos se ha basado el actual gobierno Sánchez para destituir a la persona que el anterior gobierno Sánchez nombró? No consta.

La portavoz gubernamental ha aludido a la necesidad de renovar los recursos humanos en las empresas pública, lo que equivale a no decir nada, y el afectado ha dejado un par de frases para la exégesis en una carta dirigida a los trabajadores: “EFE es propiedad de la sociedad en su conjunto” y “una agencia pública de noticias no es una agencia de noticias del Gobierno, ni siquiera una agencia oficial”.

Los medios de comunicación han criticado al Gobierno, como corresponde, interpretando el cese como un acto de censura; es decir, por el afán de someter la gestión de la agencia pública a los intereses gubernamentales. Puede ser. La negativa a una explicación mejor solo servirá para amplificar esa versión.

No obstante, si el secretario de Estado que comunicó el cese es el mismo que comunicó el nombramiento y el presidente del Gobierno era el mismo en uno y otro caso, ¿cuándo se equivocaron: cuando nombraron a Fernando Garea o cuando le cesaron?

¿El afectado se pudo equivocar en algún momento, entre uno y otro extremo? La claridad no sobra.

Una duda más: ¿las críticas por el cese afectan a Gabriela Cañas, la recién designada?, ¿quiénes aplauden a Garea silban a su sucesora, ya calificada como “una mano más genuflexa y menos independiente”?, ¿alguien se ha detenido a analizar la fotografía de la agencia que el ya expresidente dibuja[1] en su carta de despedida? ¡Menudo marrón!

Pues eso: los periodistas deberían ser los primeros en buscar respuestas antes de proponer interpretaciones. Aun a sabiendas de que el Gobierno ha de ser, en principio y por principios, sospechoso.

[1] “El mercado de los medios de comunicación ha cambiado en todo el mundo, los clientes tienen dificultades económicas crecientes, el negocio de las agencias de noticias ha cambiado y está en crisis, porque la competencia es muy dura y, en general, porque la tecnología ha avanzado muy rápido”. Garea también explica “las penurias económicas de los medios a los que servimos, la fortaleza de los competidores, los recortes de patrocinios de empresas y los problemas de mercados internacionales tan problemáticos como el latinoamericano, el principal de EFE”.

 

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