La hora de la sinrazón

Diverse people with negative emoticons using mobile phones

Hubo un tiempo en el que, frente al canon informativo encorsetado bajo la regla de las Cinco W (what, who, where, when, why), parecía relevante incorporar algún elemento emocional que aproximara los hechos a la sensibilidad del lector, oyente o espectador.

Me sorprendí a mi mismo cuando, alejándome de la información estricta, me adentré en la narración de una historia personal impresionante. En la solapa del libro se incluyó que aquel relato era el fruto de una emoción, pero fui consciente de ese punto de partida cuando alguien aludió en público a dicho reconocimiento.

De un tiempo acá clamo contra el predominio de los aspectos emotivos en la elaboración de las informaciones y los informativos, que alimentan a una sociedad en la que los sentimientos acallan la necesidad de afrontar la realidad y la vida desde la razón.

El homo videns que describió Giovanni Sartori está abocado a ver sin entender y, a partir de ahí, a decidir sin pensar, sometido a los estímulos emocionales que igualan las lágrimas que provoca un perro abandonado con las generadas por el niño superviviente en una patera.

Esa realidad ha ido a peor: la ira y el llanto se han convertido en el objetivo por excelencia de la comunicación. Desde esos presupuestos la reflexión se carga de sinrazones.

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