Lugares que ya no vivo

Paseo por la ciudad en la que viví los años tal vez más intensos de mi vida y a la que acudo con frecuencia para reencontrar hermanos, amigos y nostalgias.

Paso ante la librería en la que compraba los títulos con los que empecé a construir mi biblioteca y, aunque hace ya tiempo que dejé de comprar en ella, trato de encontrar en el escaparate alguna sugerencia. Levanto la vista: no hay libros, sino papeles adhesivos que advierten de que ese local, en muy breve plazo, será un banco.

Decido comprar un bolígrafo y acudo a la papelería en la que me suministraba de esos fetiches imprescindibles en mi bolsillo y en mi vida. Se ha transformado en una tienda de telefonía móvil.

La vieja casa sacerdotal se convirtió hace años en un centro de recaudación municipal. Muy cerca se encuentra la casa donde vivieron mis padres, todos mis hermanos. Una grúa oculta el balcón al que daba el comedor y un contenedor desciende con parsimonia, lleno de escombros.

 

Artículo anteriorPerú sabe: 6. Ramón Aguilar
Artículo siguienteÚltimo recurso: que gobierne la oposición