La Brigada contra la Trata recibió la denuncia y puso en marcha la operación. Por eso la policía se personó en el convento, exhibió una orden judicial y advirtió: o las monjas relacionadas en el documento están en la puerta en una hora o entramos para llevarlas ante la jueza. No hizo falta la fuerza.

Cinco monjas de origen indio residían en el convento de las mercedarias de Santiago de Compostela. Querían mejorar sus condiciones de vida y las ofrecieron “otra vida”, de clausura y de silencio, muy distinta a la que soñaron. No abandonaron el claustro porque la ley de extranjería, eso las dijeron, las deportaría a su pueblo, a la India. Le dio miedo.

La capacidad represiva de la religión es tan alta que hasta las fuerzas represivas (o del orden o de la seguridad, según se quiera, porque son las mismas) pueden servir para devolver la libertad a algunos esclavos de estos tiempos.

Es el caso de las redes de trata de blancas contra las que actúa la misma brigada policial que entró en el convento de monjas compostelano. ¿Serán tratadas por igual las madames de todos los lugares oscuros?

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