“Las Hurdes, tierra con alma” se presentó en Plasencia. La sala Verdugo, un espacio cultural polivalente, cómodo y bien dotado para la proyección del documental, resultó a todas luces insuficiente. Un cuarto de hora antes de la hora prevista para el inicio de la sesión todas las butacas estaban ocupadas y en los pasillos laterales, en el central e incluso en el fondo de la sala más de un centenar de personas se acomodaban, de pie o sentadas en el suelo, para ver la película. A las puertas de la sala seguían llegando personas, cada vez más apresuradas.

Sin ningún representante municipal para decidir la repetición de la proyección en otra fecha o al término de pase programado, hubo que cerrar el acceso a quienes se agrupaban a las puertas del local. Y no solo eso: el técnico encargado de la proyección y el director del documental se vieron obligados a emular a Lola Flores con un discurso, un poco más articulado, pero, en el fondo, muy poco distinto del mítico: “Si me queréis, irse”.

Algunas personas ubicadas en los pasillos aceptaron los argumentos a favor de la seguridad y la expectativa de una reposición, si la autoridad competente lo facilitara. “¡Qué éxito!”, anticipó una espectadora; por el momento, solo se podía hablar de la frustración provocada a un nutrido grupo de espectadores sin la certeza de una nueva oportunidad.

Superado el trance, el documental pudo verse en muy buenas condiciones técnicas (tal vez, en las mejores de todo el periplo de las presentaciones)  y el público respondió con una atención extraordinaria. Al final,  aplausos y muchos comentarios. En esos momentos las peripecias previas ya quedaban en segundo término. Primaba el interés de la proyección y el impacto de las imágenes y las vivencias que recrean la realidad de la comarca hurdana.

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