Periodistas, para eso

– ¿Cómo se llama?

– Juan Alberto Entizne.

– ¿Qué desea?

– Trabajo. Busco trabajo.

– ¿Profesión?

– Periodista.

­– ¿Le han dado alguna vez con la puerta en las narices?

– No, señor. No he dado motivos.

– ¿Puede un periodista decirse periodista si no le han cerrado nunca una puerta intempestivamente, si no le han demandado, si incluso no le ha condenado un tribunal de justicia?

– No soy paparazzi ni me dedico a la prensa del corazón. Siempre he trabajado en la prensa seria.

– Tiene usted razón. Le hago la pregunta de otra manera: ¿Puede un periodista serio decirse simplemente periodista si no le han cerrado nunca una puerta intempestivamente, si no le han demandado, si incluso no le ha condenado un tribunal de justicia?

– Por supuesto.

– Pues no señor. Mire usted esto.

(Tiempo para ver el vídeo recomendado)

– ¿Qué me dice usted?

– Que el vídeo es muy malo, que el plano es muy malo, le faltan imágenes, grafismo, más cámaras…

– ¿Es todo lo que tiene que decir?

–  Bueno, que se nota demasiado que la chica está leyendo y que…

– ¿¡Qué!?

– … pues que en los insertos parece como si se hubiera peinado en medio.

– Puede irse.

– ¿Quiere que les asesore?

– No se moleste. Pero en la próxima entrevista ya podrá decir que le dieron una vez con la puerta en las narices. Mejor que no lo explique.

Silencio. Mutis.

– Y espero que para entonces ya sepa qué es el periodismo.

 

Este diálogo es falso, más falso que Judas, en una parte: en estos tiempos no hay un empresario de comunicación que  crea en el periodismo y, menos aún, que busque periodistas. Sin embargo, es absolutamente cierto, en otra:son muchos los periodistas que se han acomodado a los usos, costumbres y demandas de quienes les mandan en las redacciones, en la economía, en la política e incluso en los caterings con que les pagan entre rueda de prensa sin preguntas y la entrega del comunicado oficial que se debe firmar en la próxima edición del medio para el que colaboran a siete euros la nota (tal cual).

Este diálogo, pues, solo podrá ser cierto a las puertas del paraíso y en presencia de los Reyes Magos.

 

 

Dicho lo cual, Cafeamllet es una revista local, de una comarca catalana, que ha traído en jaque a los dirigentes de la Generalitat, de los ayuntamientos del entorno y a la sanidad público/privada que les rodea. Aquí se la ha elogiado ya en alguna ocasión. Hoy les reconoce sus méritos El País su última página. Antes no se hizo eco de sus denuncias, pero, hoy, al menos les ha invitado a minis y a café; en total, 9,55 euros.

Y ello nos da pie para recordar que lo suyo es puro, purito, periodismo: por el objetivo, la intención, el método e incluso, cuando les dan con la puerta en las narices y les presentan demandas por preguntar, la acusación clara y nítida; sin subterfugios.

– Mis respetos. Porque hubo un tiempo en el que quisimos ser periodistas para eso.

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