¿Por qué no se enteran?, ¿por dónde miran?

Si una mentira repetida muchas veces se puede convertir en verdad, una verdad repetida muchas veces puede acabar en el pito del sereno.

Por lo uno o por lo otro, los dichos se repiten. Basta leer detenidamente los periódicos dominicales: el lector encuentra lo mismo que ha ido leyendo a lo largo de la semana en versión extensa; o sea, con más rollo.

También hay veces en que a los articulistas les da por coincidir una y otra vez más en lo mismo. Y se entiende: la vida está como está, nadie les hacen caso, así que racarraca, vuelta la burra al trigo.

Paul Krugman se repite tanto que algunos aseguran que cada semana escribe el mismo artículo. Hoy, por partida doble: en la última de El País se somete al particular cuestionario de Karmentxu Marín y en el suplemento Negocios ocupa su púlpito dominical para proclamar El secreto de nuestra falta de éxito.

En la entrevista reversible de KM (un modelo de interrogatorio en el que se espera más ingenio de la entrevistadora que del entrevistado, muchas veces aturdido por la elaborada agudeza de las preguntas) se proclama dubitativo, mucho más que la bola de cristal, y alivia de su carga a Rajoy, al BCE y a la madame Merkel, porque, a fin de cuentas, todos hacen lo que dicen Alemania, la auténtica madrasta o, si se prefiere, la consejera delegada del burdel.

En el púlpito semanal Krugman concluye que “cuando hay pruebas abrumadoras para una premisa económica (…) tenemos derecho a esperar que los políticos y sus asesores respeten esas pruebas. De otro modo, terminarán haciendo políticas basadas en fantasías en vez de enfrentarse a la realidad”. Lo que hay.

Eso mismo arguye, tras citar estudios e informes idénticos (incluido el más reciente del FMI), otro keynesiano convicto, Antón Costas. Su conclusión se anuncia en el título: Esto no tiene ni pies ni cabeza; “esto” no es otra cosa que “la política que están siguiendo nuestros gobiernos”, porque “el argumento de eficacia de la austeridad no tiene fundamento económico”.

A las mismas fuentes se aferra también Santos Juliá, quien invoca un dato del reciente libro de Krugman (los 25 gestores mejor pagados de Estados Unidos triplicaron los ingresos de los 80.000 materos de escuela de Nueva York) para concluir que nuestro horizonte ha retrocedido 35 años. O sea, que esta sociedad mira hacia delante con el culo, lo que no es óbice para que la vista le alcance bastante lejos. ¿por qué nos habremos empeñados en estas moderneces sabiendo lo que sabíamos?

Y así la  reflexión termina en lo que propugnaba en la última Karmentxu Marín: mejor hubiera sido fiarnos de la bola de cristal que de los que nos gobiernan. Peor no lo habría hecho.

 

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