Un libro que anuncia lo que niega

Tras la unanimidad de las listas de los mejores libros del año y el disparate del texto introductorio de alguna de ellas –recogido y comentado en otro lugar de este lagar –, ¿cómo afrontar la reseña de Un amor (Anagrama), el más destacado de los textos en el terreno de la narrativa a juicio de El País (Babelia), La Vanguardia y El Cultural, por ejemplo? Se puede decir que las listas tienen un valor relativo, aun cuando los críticos participantes, responsables del resultado o del desaguisado, merezcan en muchos casos una consideración que no cabe discutir. Y se puede añadir que las listas son un producto comercial en sí mismo, en tanto que los lectores de los mencionados suplementos las esperan e incluso las reclaman, al margen de los intereses editoriales que puedan infiltrarse en las valoraciones.

Sara Mesa muestra en Un amor una prosa firme y eficaz, crea unos personajes nítidos y solventes, aun a riesgo de resultar esquemáticos –incongruentes por tanta congruencia–; desarrolla un relato que progresa y crece, y propone una reflexión cargada de sugerencias y ambivalencias: un mundo rural ocupado por tipos ajenos o huidos, donde la intimidad es pública y la pasión surge contra cualquier convención, y en el que el título niega lo que el texto afirma o, quizás, lo contrario. Porque Un amor carece de amor.

“Lo titulé así porque la palabra amor es la más manoseada del mundo, pero no tiene nada que ver con esto”, ha explicado la propia autora. A partir de sueños, de relatos escuchados y de imágenes concretas , Sara Mesa empezó a construir “una historia que no sabía muy bien dónde le llevaba, incluso pensó que era una novela enclenque”, pero que ha terminado en el puesto preferente de las listas de éxitos, donde la  confabulación no parece posible.

El estilo es frío y preciso, como corresponde a una realidad en la que los sentimientos cumplen un papel, como mucho, secundario. Nat, la protagonista, arrastra una culpa que la aparta de cualquier  empatía, huye de quien la quiere y se entrega a quien la “compra” sin la más leve señal de ternura o compromiso. Los conceptos morales carecen de vigencia en estas relaciones y la comunicación resulta imposible.

Sara Mesa es, a la vez, puntillosa y escueta, y sobre todo exacta. Controla el ritmo del relato. Brilla su técnica Por eso, Un amor interesa y provoca. No emociona. Porque ese concepto escapa a los códigos de la protagonista y de la apuesta narrativa de la autora. Tal vez por ello puede ser que no enamore.

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