Cuando los partidos políticos se convierten en el objetivo primordial de sus estrategias, el instrumento de articulación democrática que deben ser pierde su razón de existir, la de defender los intereses de los ciudadanos a través de sus posiciones y convicciones. En esa situación estamos.

Plaza-Sol-mayo-C15M_EDIIMA20150514_0621_4La nueva convocatoria electoral se ha abierto con malos presagios. La confrontación entre PSOE y Podemos o, si se prefiere, entre Podemos y PSOE, parece el preludio de un próximo gobierno de PP y Ciudadanos. Los distintos portavoces que se afanan en proclamar,  en los mismos términos, que su adversario es el PP y su objetivo acabar con las políticas impuestas en los últimos cuatro años (y cuatro meses más), actúan paradójicamente como si trataran de mantener al gobierno en funciones y las políticas de austeridad que castigan a los pobres y premian a los más ricos.

Cuando el PSOE pactó con Ciudadanos lo hizo con discreción y silencio. Cuando Podemos ha querido pactar con la Izquierda Plural ha actuado con los mismos criterios[1]. Cuando Podemos propone colaboración al PSOE lo hace con gritos y, simultáneamente, con zancadillas. Cuando el PSOE responde agrede a Podemos.

portada2El tiempo de las elecciones anteriores se terminó. ¿Está eso claro? El de las nuevas ya ha comenzado. ¿Se nota en algo? ¿Alguien se ha dado cuenta de que algunas cosas han cambiado? Por ejemplo, que, por primera vez en las últimas décadas, el periodo de campaña lo es también de negociación y de pacto, porque solo el que asuma ese hecho merecerá el respeto de los ciudadanos y porque solo el que plantee nítidamente su propuesta de alianzas para el día después del 26J, y las cumpla, no acabará estafando a su electorado.

Podemos ha cobrado ventaja, porque esa exigencia ciudadana coincide con su estrategia para alcanzar la hegemonía de la izquierda, a la que se somete su acuerdo con IU y su intempestiva propuesta de listas comunes con el PSOE para el Senado. Mientras, el PSOE se desdibuja en la pinza de sus propias tensiones y la tierra yerma de su indefinición y sus contradicciones.

El futuro se antoja nefasto. O funesto. Tal vez, lo uno y lo otro.

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Con Podemos como fuerza mayoritaria de la izquierda, la oposición estará asegurada, pero el gobierno podrá caer del lado de la derecha PP-Ciudadanos en medio de la descomposición del PSOE, forzado a consentir, como poco, en aras de la gobernabilidad y de su derrota, una mayoría natural, a la espera, tal vez, de un milagro en forma de reencarnación o resurrección; por ejemplo, una moción de censura que lo devuelva a la vida y al tablero.

En la otra hipótesis, con el PSOE como fuerza mayoritaria de la izquierda (cada día menos probable), se volvería a la casilla del 20D, al acuerdo inviable por prescripción del Comité Federal y a la desconfianza hacia Podemos que sus líderes reciben y alientan. La intempestiva negativa de los socialistas a las listas conjuntas para el Senado revela su verdadera situación. Ellos saben muy bien que sólo así, en el mejor de los supuestos, se podría avanzar en una reforma verdadera del Estado. Por eso, el interés de los ciudadanos merecía algo más que “no, gracias”.

¿Qué puede ocurrir, entonces, tras el pacto Podemos-IU? ¿Hacer inviable un acuerdo de la nueva coalición con el PSOE? ¿Reinstalar en el poder al gobierno al que se pretende derrocar, como se dice? ¿Imposibilitar definitivamente un tripartito PSOE-Podemos-Ciudadanos? Porque imagestal vez esta hubiera podido ser una fórmula válida para una legislatura corta, ahora implanteable, que permitiera avanzar mediante pactos con visos de estabilidad –por la participación conjunta de formaciones de muy distinto signo– en materias de protección social, regeneración, pensiones, educación, sanidad, ley electoral y algo más, y en crear cauces para la reforma de la Constitución en una etapa posterior.

Más allá de esta última reflexión, tan rechazable como digna de análisis, en el fondo de todo la situación previsible obliga a pensar: ¿quién piensa en los ciudadanos?, ¿quién no somete el interés de los ciudadanos a la estrategia partidista?, ¿por qué los ciudadanos asumen que las cosas transcurran de este modo?

¿Sirven estas notas para debatir?

[1] Nota al margen: la fórmula en este caso resulta paradójica, no solo porque ambos habían proclamado que actuarían con transparencia on line, sino también porque el sigilo se ha mantenido ante las bases llamadas a opinar y decidir sin información.

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