De Belén a Villamanín

¿Tendrán algo que ver lo santos inocentes de la historia sagrada con los jóvenes de Villamanín?

La liturgia cristiana recuerda cada 28 de diciembre a los niños judíos menores de dos años a los que Nerón ordenó asesinar para acabar con la competencia de un anunciado superprofeta recién nacido de una madre virgen.

Este 28 diciembre de los medios de comunicación españoles dedican un amplio espacio a los jóvenes que integran la Comisión de Festejos del pequeño municipio leonés.

La matanza bíblica la evitó la casualidad del éxodo, pero el conflicto desatado por el Gordo de la Lotería no conoce aún su final, aunque los primeros pasos presagian un conflicto civil desatado contra un grupo de muchachos con ansias de reivindicar a su pueblo.

Los innumerables belenes o nacimientos que aún se siguen reproduciendo en la España cristiana han quedado opacados en esta ocasión por la escenificación del desastre del Gordo de Villamanín.

De aquel cuento hemos pasado a un peliculón, del éxito y las cañas al acoso y a las lanzas. La avaricia ha atacado al raciocinio. Los jóvenes empeñados en defender de manera festiva sus propios orígenes ya no podrán confiar nunca más en el pueblo que han reivindicado año tras año. Su lugar de origen los ha llevado al paredón de los ajusticiados sin derecho a la explicación ni a la defensa.

La fiesta ha terminado: el egoísmo se ha desvelado como la verdadera razón que aniquila la convivencia. La ilusión se convierte en espejismo y los chavales de la comisión de fiestas, tras renunciar a su suerte, deben estar tentados a buscar el éxodo antes que la concordia. Les va la vida en ello. La fortuna ha sido su castigo.

Resumo así mi parcial punto de vista. Creo más en las contradicciones de los jóvenes entusiastas ahora al borde del patíbulo que en la furia ruin de quienes creen que el error solo se disculpa mediante el asesinato, físico o moral.

¿Las víctimas? Tiendo a pensar que solo lo son quienes han dedicado esfuerzos e ilusiones con el objetivo de animar la vida de su pueblo. No solo han perdido lo que la suerte les deparó, sino que han visto destruida la confianza de aquellos con los que presumían de paisanaje y amistad.

¿Hablarán de esto los profesores en la escuela? Si no lo hacen, ¿para qué servirá enntonces la escuela e incluso la familia?

– Muchachos de la comisión de fiestas de Villamacín, huid! Pero hacedlo con los décimos en la mochila. Y que, entonces, os busquen. A ver si así se encuentran. Y piensan en algo… juntos.

Conclusión: para belén, el de Villamanín.

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