Opiniones de novela

Acostumbro a leer a Vargas Llosa: sus novelas e incluso sus artículos periodísticos. Aquellas me generan habitualmente interés, emoción, reflexión; estos me provocan con frecuencia profundas discrepancias. Sin embargo, suelo reconocer en ellos la opinión de un hombre inteligente y culto, y eso me obliga no solo a respetar su opinión sino también a reconsiderar mis posiciones personales, requisito imprescindible para erradicar los abundantes y comunes dogmatismos de este tiempo. O escuchamos a quienes no piensan como nosotros o nos empecinamos en amplificar los propios errores. No hay otra.

Sin embargo, a veces cuesta asumir los argumentos del nobelado narrador; especialmente, cuando, tal vez por la prisa o la obligación de ser brillante cada día, los hechos se le escurren y la tribuna deviene en una especie de charlatanería. Al mejor escribano también se le escapa algún borrón. Si fallan los hechos o los datos, la novela puede resultar brillante, pero el artículo de opinión pierde todo su valor.

En La lengua oculta, su última tribuna en La República, don Álvaro se resbala en algunas afirmaciones sobre las que construye sus conclusiones. Por ejemplo, al referirse a “el carácter vehicular del español que señala específicamente la Constitución” –el señalamiento pertenece en exclusiva a la anterior ley de educación, aprobada en 2013, bajo el gobierno de Mariano Rajoy– o la aseveración de que “Unidas Podemos atrajo los votos favorables del PNV” a la nueva ley de Educación –alianza para la que el PSOE se bastó sin necesidad de refuerzos–.

La ideología tiende con frecuencia a retorcer la realidad en defensa de los propios argumentos. El artículo en cuestión –con una primera parte irrefutable por su tono personal–, más que navegar en aguas procelosas, naufraga en un asunto tan importante que merecía una opinión más sólidamente cimentada.

Conclusión: seguiré leyendo a Vargas Llosa y continuaré discrepando, si es menester, después de atender, primero, a los datos y a los hechos y, después, a sus razones. Y en todo caso teniendo en cuenta que una cosa es la opinión y otra, la novela.

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