Ficción para denunciar la realidad

Javier Cercas se adelanta a 2015 para observar con perspectiva la pandemia del coronavirus, el procés catalán y las miserias de la sociedad en las que una y otro encontraron acomodo. En ese contexto se desarrolla Independencia. Novela negra protagonizada por un policía, Melchor Marín, nacido en un entorno marginal y convertido, repentinamente y sin quererlo, en el héroe de un momento traumático para Catalunya, los atentados del 17 de agosto de 2017.

Este mosso singular responde, más que a unas leyes establecidas desde fuera de su propia experiencia personal, a una ética íntima, a unos códigos morales de familia, más allá de una legalidad convencional. Él es fruto de la contradicción entre la marginalidad en que transcurrió su infancia y su juventud y el oficio que ahora desempeña, el que con frecuencia castiga a los mas débiles en detrimento de quienes se amparan en el poder económico o en la casta de los auténticos gobernantes de la sociedad catalana.

Independencia, la última novela de Javier Cercas, remite a Terra Alta, la inmediatamente anterior. Sus personajes y sus experiencias más íntimas quedaron fijadas en aquel premio Planeta que parece haber marcado el nuevo rumbo del escritor de Ibrahernando. Las referencias a aquellos momentos y a la biografía del protagonista allí esbozada y al propio autor aparecen y reaparecen en la segunda entrega de esta serie, de la que Cercas ya ha anunciado próximos capítulos; dos más, al menos.

De esta manera, el autor de Soldados de Salamina, Anatomía de un instante, El impostor e incluso El monarca de las sombras abre una nueva etapa literaria, porque, lo dice él, ahora es otra persona. En esta nueva vida subyacen muchos elementos de su larga trayectoria. Si en su vida anterior nos llamó la atención por la capacidad para mostrar los procesos más íntimos e inaccesibles de los protagonistas de sus obras, utilizando la ficción para elevarse por encima de la realidad inmediata y evidente, ahora la introspección se desarrolla mediante una ficción que le permite recrear la realidad; sobre todo, la más escondida en la sociedad en que habita y de la que participa.

Novela negra, pues; sin disimulo. La narración –al margen de lo que se afirme en las entrevistas promocionales– responde a la lógica policial, el género que el autor ha decidido adoptar para, desde él, ahondar en la realidad circundante y en los personajes que la protagonizan.

En esta segunda entrega Melchor Marín se convierte en un referente ineludible del género negro en español. No es lo único que resalta el valor de la obra de Cercas. Ni siquiera su mayor coherencia y radicalidad respecto a Terra Alta y el nuevo rumbo que él mismo ha elegido. Independencia, más allá de los adjetivos, pertenece a un narrador formidable.

Se sabía, pero ahora y aquí se ratifica por otra vía. De ella disfrutamos.

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