Estuve a punto de anunciarlo, pero me reprimí. Tuve miedo a proyectar en mi valoración algunas suspicacias y apriorismos, temiendo que tras ellas pudiera acampar algún sectarismo. Las declaraciones de Oriol Mitjà, el epidemiólogo que decidió contradecir sus propias manifestaciones para alinearse contra el equipo técnico del Gobierno español, se me antojaron, por la forma de anunciarlas, un guiño al independentismo. Hoy ya no cabe duda. Torra le ha investido como uno de los suyos, su adalid contra la incompetencia centralista y centralizadora. Hay quienes tienen menos prejuicios que yo: para ellos las suspicacias y el apriorismo se corresponden con el sectarismo. Y no les importa proclamarlo. Lo peor son los aplausos que reciben.

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